La peor amenaza de la era digital: la no educación

Douglas Rushkoff, prolífico escritor estadounidense, columnista y profesor en la Universidad de Nueva York que colabora habitualmente con la revista Times y New York Times, en uno de sus últimos libros titulado “Program or Be Programmed: Ten Commands for a Digital Age”, sostiene que al igual que lo ocurrido oportunamente con el lenguaje, no apredimos solo a escuchar sino que también a hablar; con la literatura aprendimos a leer y a escribir, en la actualidad rodeados de artefactos digitales programados y programables, no deberíamos únicamente aprender a usarlos sino que también es necesario saber cómo es que estos funcionan.

Artículo para la edición #213 de Temas Económicos

El Reino Unido en línea con otros países pioneros acaba de considerar a las ciencias de la computación como la cuarta ciencia junto con la Física, la Química y las Matemáticas. A su mismo nivel, y la ha introducido como una parte fundamental del currículum. El español Enrique Dans, profesor y especialista en la temática, destaca en una reciente entrevista: “La mayoría de los colegios entienden una cosa llamada -informática- como poner a niños delante de una computadora y enseñarles a usar tres herramientas, generalmente creadas por Microsoft, como si esa fuese la solución del asunto”. Y continúa: “Pero en lugar de dedicar tiempo y esfuerzo a que los niños aprendan a localizar información, a cualificarla, a verificarla o a separar el grano de la paja, les enseñamos que -el conocimiento es lo que está dentro de un libro-”.

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La informática debe, y con urgencia, comenzar a mirarse desde una óptica -horizontal- y no con la mirada verticalista actual. La informática per se no es una amenaza para ninguna de las profesiones actuales o futuras, el escritor debe saber de literatura, el diseñador de diseño, el fotógrafo de fotografía y el músico de música. Todos ellos trabajan con herramientas digitales, incluso muchas de las herramientas ya hacen solas su trabajo, pero alguien tiene que enseñarles antes a hacerlo, alguien tiene que crear esas herramientas. Andrew Mcafe en una ponencia para TED “Los robots nos quitan el trabajo” lo plantea de manera clara y precisa. Cuando autos y camiones se convierten en vehículos autosuficientes que no requieren de conductor, cuando las noticias son redactadas por algoritmos, cuando el trading en las bolsas es gestionado por software, cuando las piezas para ortopedia o repuestos para infinidad de elementos son fabricados por impresoras 3D, ¿De que trabajaremos los humanos?. Hablar de -horizontalidad- de la informática en las curriculas, implica que la “responsabilidad” no debe recaer sobre la materia “informática” en particular. Todas deben recurrir a las ciencias básicas aplicadas como matemática y ahora tambien computación.

El reconocido Neurocientífico Facundo Manes, comentaba recientemente en una entrevista, que dentro del bajísimo porcentaje de alumnos que logran terminar el secundario en nuestro país, casi la mitad de ellos terminan con serios problemas para interpretar textos. El panorama no es de lo mejor.

Una interesante anécdota entre Henry Ford y Walter Reuther, entonces jefe del sindicato de trabajadores automotrices de EEUU, cuenta que en una conversación entre ambos Ford bromea y le comenta: Walter como harás para que los robots paguen las cuotas sindicales, y Walter responde: Henry como harás para que ellos compren tus autos. Desde la perspectiva estrictamente económica el asunto se encuentra mejor resuelto y las personas podrán destinar su tiempo a actividades más placenteras y creativas, relegando las operativas y repetitivas a máquinas, haciendo que la tecnología trabaje para ellos. El inconveniente está en el enorme porcentaje de la sociedad que no se pueda permitir hacer que la tecnología trabaje para ellos, sino que simplemente esta se quede con sus trabajos.

Para comenzar a discutir sobre privacidad y seguridad en las arenas digitales, no podemos simplemente confiar en un par de herramientas que no sabemos ni como funcionan, y peor aún, tampoco sabemos de qué nos intentan proteger. Para poder aplicar sentido común en algo, debemos estar frente a algo que nos sea común, cotidiano y lógico. Para no morir electrocutados, sabemos que no hay que meter los dedos en el enchufe y cuando conducimos sabemos que lo debemos hacer por nuestro carril ya que conocemos las consecuencias. Con lo digital todavía estamos ante un extenso camino por recorrer.