Tan distintos y tan iguales: átomos y bits.

Hace algo menos de quince años, una tarde común de domingo, una persona capaz de entender cualquier tipo de complejidad mecánica pedía que le explicásemos como funcionaba “eso de Internet”. En aquel momento la explicación fue la siguiente: hay un aparato que se llama módem que permite convertir una señal digital a analógica y a la inversa, para que diferentes computadoras se puedan conectar entre sí mediante la línea telefónica. Que para ese entonces eran analógicas. Pero el silencio llegó junto a la segunda pregunta: ¿para qué?

Nota para Revista Contraplano Nº 3.

Luego de una década, la respuesta a la última pregunta es obvia para algunos, pero no tanto para muchos otros. Damos por sentado que el video, la fotografía, la música y la cultura en general se han digitalizado, como también las herramientas de producción, distribución, gestión y comunicación. Fenómeno invisible para quienes nacieron luego de la transformación, pero increíblemente también lo es para muchos que están desde antes. Ya sea que se trate de cultura, sociedad, economía, educación, o lo que fuere, no existe autor moderno que no hable de las implicancias de la democratización de la información y de las herramientas de producción. Incluso algunos ya hablan de posdigitalismo. La cámara de fotos, es la digital. El teléfono, es el digital.

La profundidad del cambio es tal, que cuando se hacen analogías con cosas, personas o seres vivos, que obviamente aún no fueron digitalizados, la historia parece de ciencia ficción y tremendamente lejana. Paralelismos tan claros que hubiesen sido los indicados para aquel domingo y no habrían dejado lugar a ninguna duda.

Las comparaciones pueden resultar odiosas, pero es simplemente un ejercicio. Maradona, Cerati, el abuelo y un perro tienen una cosa en común. Ellos son únicos e irremplazables. También existe música, fotografías, libros y software que son irremplazables y fruto de años de investigación, experiencia, desarrollo, o incluso del azar. En el mundo de los átomos, si una vez que aparece el original, tuviésemos la posibilidad de armar un equipo completo formado por réplicas de Maradona con tan solo copiar y pegar, o tener un backup para reestablecer a discreción a un abuelo, a ese perro fiel o al mismo Cerati. Todo se vería diferente.

La escasez de tiempo sería tema del pasado si pudiésemos, previamente digitalizados, recorrer el mundo en algunos segundos e incluso estar veraneando, esquiando, trabajando y haciendo el amor de manera simultánea mediante una copia. Suena raro, muy raro. Pero es lo que pasó en menos de veinte años con muchas cosas, más de las imaginadas, y exactamente igual que como lo habían pronosticado algunas mentes brillantes mucho tiempo antes. Trabajar sin tener que ir al trabajo, ya ni si quiera sorprende. La escasez de tiempo hizo que algo tan ilógico, hace apenas algunos años, haya pasado desapercibido. Cada nueva abundancia genera una nueva escasez.

No es casualidad entonces, que los países que mejor desarrollaron la capacidad de digitalizar, se encuentren en el lugar en el que están parados hoy. La infraestructura de tecnologías de la información tiene mucho que ver con esa capacidad, justamente por que es la infraestructura, lo que está por debajo y le da soporte al engranaje. Ancho de banda, procesamiento, almacenamiento, van todos a parar a la misma bolsa, pero el conocimiento y las habilidades que posibilitan que el engranaje funcione, es de todos, el factor decisivo. Alfabetización digital y brecha digital no son otra cosa que el desarrollo (o no) de todas esas habilidades o capacidades que permiten entender la lógica del mundo digital. A veces invisible. Alfabetización, que nada tiene que ver con la posibilidad de nacer en un hogar con computadora o la cantidad de doctorados acumulados en el currículum.

El arte es arte. La creatividad, la naturaleza, el esfuerzo o el azar que permiten llegar al original es inmutable. Todo lo demás ha cambiado. La diversidad cultural, social, política, sexual, y cualquier otra no se verá afectada por la digitalización, todo lo contrario. Pero que bueno sería poder enviar a la papelera de reciclaje a algunas personas y poder hacer backups de seres irremplazables.

Publicado el 2 septiembre 2010. Categorías: Weblog | Tags: , ,

3 Comentarios para “Tan distintos y tan iguales: átomos y bits.”

  1. Seba dice:

    Linda reflexión Patricio, a veces creo que digitalizamos gran parte de nuestra vida para disfrutar más de los átomos ¿Será así?

  2. Tweets that mention » Tan distintos y tan iguales: átomos y bits. -- Topsy.com dice:

    [...] This post was mentioned on Twitter by Sebastian Thüer and Patricio Cañete, Patricio Cañete. Patricio Cañete said: Tan distintos y tan iguales: átomos y bits. http://bit.ly/cadFDO [...]

  3. admin dice:

    Estoy convencido que vamos hacia ese lado … cada vez más conectados, pero menos tiempo frente al monitor …. falta mucho de “desarrollo” técnico todavía, pero …

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