dos, cientos

Artículo para la edición #200 de Temas Económicos.

A principios de la década del 1990, cuando nació Temas Económicos, en Ginebra de la mano de Tim Berners-Lee un grupo de físicos creaban el HTML y el primer navegador Web. Al comienzo del año 2006 navegaban por “La Web” mil cien millones de usuarios.

Para una publicación mensual, que incluso se toma vacaciones durante los meses de verano, doscientas ediciones implican aproximadamente unos 20 años de vida.

En veinte años la medicina no pudo encontrar la cura de algunas enfermedades, los autos siguen sin poder volar, en las escuelas todavía hay pizarrones y muchas de las cosas que se pronosticaban no ocurrieron. En cambio Robert Metcalfe y Gordon Moore no se equivocaron en sus predicciones y la red se convirtió en una bola de nieve imparable.

Algunos lograron visualizar las implicancias de la conversión de objetos y herramientas de uso cotidiano en inofensivos ceros y unos. Otros todavía piensan que copiar un archivo es robar.

Es redundancia hablar sobre lo que las redes sociales han provocado a las relaciones personales, laborales, y las generadas por afinidad a determinados gustos como la música, el cine, las compras, el vino, el sexo o lo que fuere. Solamente Facebook ya ha superado los 550 millones de miembros.

Hasta la aparición de Google, encontrar algo en la web no era de lo más sencillo, pero ahora utilizamos a diario tantos servicios de la empresa que se hace difícil imaginar La Web sin ellos. En algunas ocasiones, pensar en la cantidad de información que poseen sobre nuestros gustos, intereses y actividades, da un poco de miedo y desconfianza. A pesar de su famoso eslogan “Don’t be evil”, que significa “No ser malo”.

Que algo gratis puede generar mucho dinero es difícil de digerir hasta para el menos ortodoxo de los economistas, pero la realidad es que en el mundo de los bits esto es moneda corriente. Es que si Henry Ford hubiese podido duplicar su Ford T a un costo marginal nulo, seguramente le habría regalado uno a cada habitante del planeta y les habría vendido la nafta sin lugar a dudas.

Existen costumbres y hábitos que el ser humano probablemente no va a modificar, y tienen que ver con ciertas “necesidades” situadas en la punta de la famosa pirámide de Maslow. Es cierto que hay tecnologías que han contribuído enormemente en la satisfacción de las necesidades básicas vinculadas a cuestiones fisiológicas y de seguridad. Pero en la misma pirámide Maslow sugiere que una vez que se cubren las necesidades básicas, el ser humano busca afiliación, reconocimiento y autorealización. En este escenario, las tecnologías de la información y comunicaciones han multiplicado las opciones.

Cuando el ser humano goza de buena salud y ya no tiene hambre, frío y miedo; quiere compartir con su familia y amigos buenos momentos. Nadie quiere ver como pasa su vida detrás de una pantalla, aunque sea ultra delgada. Los viajes, el vino y las mejores experiencias todavía no se han convertido en bits y difícilmente ello ocurra, al menos en el corto plazo. Las flamantes impresoras 3D aún no lo permiten.

Por todo lo anterior difícilmente se encuentren equivocados aquellos que visualizan un futuro con mayor conexión pero desde diferentes dispositivos. Cada vez más pequeños y personales. Nokia habla de este fenómeno en “Fourth Screen” (La cuarta pantalla). Las tiendas en línea de aplicaciones para distintos dispositivos explotan. Los lectores portátiles de libros arrasan.

Somos seres sociales, cualquier invento que permita mejorar la experiencia de relacionarnos será exitoso. En veinte años, Temas Económicos es más social que nunca, igual que La Web.

http://es.wikipedia.org/wiki/Ley_de_Metcalfe
http://es.wikipedia.org/wiki/Ley_de_Moore
http://es.wikipedia.org/wiki/Pirámide_de_Maslow
http://es.wikipedia.org/wiki/Impresora_3D
http://www.youtube.com/watch?v=I_A57TYHXoc

Publicado el 6 diciembre 2010. Categorías: Weblog | Tags: , , , ,

Un comentario para “dos, cientos”

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